La cantidad de agua necesaria para producir un vaso de nuestras bebidas favoritas
- Carlos Novelo
- Dec 4, 2025
- 4 min read
Un análisis del impacto hídrico oculto detrás del consumo cotidiano de café, cerveza, vino y refrescos.
La cantidad de agua necesaria para producir un vaso de nuestras bebidas favoritas suele ser mucho mayor de lo que imaginamos. Este consumo invisible, conocido como huella hídrica, revela el peso que la agricultura, la industria y la cadena logística ejercen sobre los recursos hídricos globales. En un contexto de estrés hídrico en aumento, comprender cómo se distribuye este uso resulta esencial para evaluar nuestros hábitos de consumo. ¿Cuánta agua se esconde realmente en cada sorbo?

La huella hídrica: una medida clave
El concepto de huella hídrica, desarrollado por la Universidad de Twente y la Water Footprint Network, cuantifica el volumen total de agua dulce utilizado para producir bienes y servicios. Esta medida incluye tres componentes: agua azul (superficial y subterránea), agua verde (lluvia almacenada en el suelo) y agua gris (necesaria para diluir contaminantes). Al aplicarse a las bebidas, esta métrica expone las exigencias del cultivo de materias primas como café, caña de azúcar, cebada o uvas.
A continuación, una aproximación promedio basada en datos reportados por Water Footprint Network, FAO y publicaciones académicas:
Café
El café es una de las bebidas con mayor huella hídrica debido al uso intensivo de agua en el cultivo del grano.
• Agua necesaria por taza (125 ml): entre 130 y 140 litros.
• Razón principal: el cultivo del café requiere grandes cantidades de agua verde y azul, especialmente en regiones tropicales con sistemas agroforestales intensivos.
Cerveza
Aunque la cerveza contiene principalmente agua, su mayor impacto se encuentra en la producción de cebada.
• Agua necesaria por vaso (250 ml): entre 75 y 85 litros.
• Factores determinantes: variabilidad climática en el cultivo de cereales y eficiencia de las cervecerías en sus procesos industriales.
Vino
La producción vinícola depende del uso de agua en viñedos y en la fase de fermentación.
• Agua necesaria por copa (125 ml): alrededor de 110 a 120 litros.
• Influencia agrícola: la viticultura en climas secos requiere riego adicional, lo que incrementa la huella azul.
Refrescos
Los refrescos requieren menos agua directa para su elaboración, pero la caña de azúcar es un cultivo intensivo.
• Agua necesaria por lata estándar (330 ml): entre 150 y 180 litros.
• Elementos clave: el aporte del cultivo de azúcar puede representar hasta el 90% de la huella hídrica total.
Leche
La leche, como otros productos ganaderos, incorpora el agua necesaria para producir alimento para el ganado.
• Agua necesaria por vaso (200 ml): cerca de 200 litros.
• Factores críticos: la alimentación del ganado representa la mayor parte del consumo hídrico total.
Té
Comparado con el café, el té requiere menos agua debido a su mayor rendimiento por hectárea.
• Agua necesaria por taza (250 ml): entre 25 y 30 litros.
• Consideración esencial: la manufactura es eficiente, pero la expansión de plantaciones en áreas húmedas puede elevar la huella verde.
Por qué existe tanta diferencia entre bebidasLa variabilidad responde a dos dimensiones centrales:
Tipo de cultivo: Las plantas con crecimiento lento o de alto valor comercial —como el café o las uvas— acumulan mayor huella hídrica por unidad de producto. Por el contrario, cultivos de gran rendimiento agrícola, como el té, requieren menos agua por hoja procesada.
Intensidad industrial: Procesos como malteado, fermentación y pasteurización incrementan la demanda energética e hídrica, especialmente en productos como cerveza o leche. La eficiencia tecnológica determina si la huella final es menor o mayor.
Listado comparativo resumido
• Café (125 ml): 130–140 L
• Leche (200 ml): ~200 L
• Refresco (330 ml): 150–180 L
• Vino (125 ml): 110–120 L
• Cerveza (250 ml): 75–85 L
• Té (250 ml): 25–30 L

Implicaciones ambientales y sociales
El impacto de estas cifras trasciende el consumo doméstico. Según informes de la ONU y el World Resources Institute, más de un cuarto de la población mundial vive en regiones con estrés hídrico severo. La producción global de bebidas, especialmente las que dependen de cultivos sensibles a la variabilidad climática, puede exacerbar tensiones locales.
Por ejemplo:
• El café enfrenta amenazas crecientes por sequías en Centroamérica y África Oriental, lo que repercute en precios y en la estabilidad económica de agricultores.
• El cultivo de caña de azúcar, esencial para los refrescos, se concentra en áreas donde la disponibilidad de agua ya es limitada, como India o Brasil.
• La producción de vino en regiones mediterráneas requiere medidas de adaptación para enfrentar olas de calor y temporadas de lluvia irregulares.Estos patrones demuestran cómo las decisiones de consumo en mercados desarrollados inciden directamente en la gestión del agua en países productores.
Perspectiva experta
Investigadores de instituciones como MIT, la Universidad de Wageningen y el International Water Management Institute coinciden en que la huella hídrica de las bebidas será un factor estratégico en la próxima década. Entre las tendencias emergentes destacan:
Agricultura de precisión: El uso de sensores, análisis satelital y riego inteligente podría reducir hasta un 40% el agua utilizada en cultivos como cebada o uva.
Reformulación de productos: La industria de refrescos ya ensaya alternativas con edulcorantes y materias primas que demandan menos agua en su producción agrícola.
Certificaciones hídricas: Al igual que las certificaciones de carbono, se espera que las bebidas comiencen a incorporar sellos que indiquen su huella hídrica, promoviendo decisiones de compra más informadas.
Cambios en las preferencias del consumidor: Estudios de Harvard Business Review señalan que los consumidores jóvenes están cada vez más dispuestos a elegir productos con menor impacto ambiental, lo que podría influir en la diversificación de bebidas y en nuevas prácticas agrícolas.
La cantidad de agua necesaria para producir un vaso de nuestras bebidas favoritas revela un impacto oculto que rara vez consideramos al consumirlas. Desde los 30 litros del té hasta los casi 200 de un refresco o un vaso de leche, cada elección está vinculada a un sistema productivo que ejerce presión sobre recursos fundamentales para la sostenibilidad global. Comprender y visibilizar estos datos es el primer paso para impulsar prácticas agrícolas más eficientes, políticas de gestión hídrica más equitativas y patrones de consumo más responsables. El desafío no consiste en renunciar a las bebidas que forman parte de nuestra vida cotidiana, sino en exigir y promover modelos de producción que respeten los límites del planeta.
Fuentes:
. Water Footprint Network.
. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
. Harvard Business Review.


