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La derrama económica de una Copa del Mundo: impacto real en los países y ciudades anfitrionas

  • Writer: Carlos Novelo
    Carlos Novelo
  • 6 days ago
  • 5 min read

Un análisis profundo de los beneficios, costos y efectos estructurales que genera albergar el torneo deportivo más visto del planeta.


Ser sede de la Copa del Mundo de la FIFA implica una inversión multimillonaria y una oportunidad económica de alto impacto. Países y ciudades anfitrionas suelen justificar el gasto con la promesa de crecimiento turístico, modernización urbana y prestigio internacional. Sin embargo, la magnitud real de la derrama económica sigue siendo objeto de debate entre economistas, gobiernos y organismos internacionales. ¿Cuánto gana realmente un país al organizar el evento deportivo más grande del mundo?


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La derrama económica: palabra clave y eje del análisis.


El concepto de derrama económica se refiere al flujo de recursos directos e indirectos que se generan a partir de una actividad. En el caso de la Copa del Mundo, este flujo se manifiesta a través de ingresos turísticos, inversión en infraestructura, creación de empleos, consumo interno y promoción internacional. Se trata de un proceso complejo que involucra sectores tan diversos como transporte, comercio, hotelería, construcción y servicios públicos.


Impacto directo: turismo, consumo y empleo.


Los torneos más recientes permiten dimensionar la magnitud de estos efectos. Según datos de la Organización Mundial del Turismo, una Copa del Mundo puede incrementar entre 15% y 30% la llegada de visitantes internacionales en el mes del evento. Brasil 2014 recibió cerca de un millón de turistas adicionales, mientras que Rusia 2018 atrajo a más de tres millones de visitantes, de acuerdo con cifras del comité organizador.


Este aumento se traduce en una mayor ocupación hotelera, con tarifas que en algunos casos duplican su valor habitual, así como en un incremento significativo del consumo en restaurantes, transporte, comercio y actividades recreativas. La creación de empleos temporales, tanto en el sector servicios como en la operación logística del torneo, es otro efecto directo que impulsa la actividad económica local. El Banco Central de Brasil estimó que el Mundial de 2014 inyectó más de 13,000 millones de dólares a la economía del país durante su celebración, principalmente en servicios turísticos y comercio minorista.


Impacto indirecto: infraestructura y modernización urbana.


Los mayores flujos económicos no provienen necesariamente de los turistas, sino de la infraestructura generada. Estadios, aeropuertos, carreteras, redes de transporte y espacios públicos suelen ser renovados o construidos desde cero. Rusia 2018 destinó más de 10,000 millones de dólares exclusivamente a infraestructura, según el Ministerio de Finanzas ruso. Sudáfrica 2010 invirtió alrededor de 3,900 millones para la renovación urbana y el fortalecimiento del transporte metropolitano.


Estas inversiones producen externalidades positivas que pueden perdurar durante décadas, como una mejor conectividad interna e internacional, la creación de nuevos polos de desarrollo urbano, el fortalecimiento de la capacidad logística de las ciudades y la atracción futura de eventos culturales, deportivos y corporativos. Sin embargo, la rentabilidad de estas obras depende de su uso posterior. Algunos estadios en Brasil y Sudáfrica se han convertido en pasivos financieros debido a los elevados costos de mantenimiento y a la falta de actividades regulares que generen ingresos, lo que evidencia la necesidad de una planificación a largo plazo.


El papel de las ciudades: sedes, branding y competencia global.


Para las ciudades anfitrionas, la Copa del Mundo funciona como una plataforma de proyección internacional sin paralelo. La exposición mediática, que según estimaciones de la FIFA supera los 3,500 millones de espectadores globales, fortalece la marca ciudad y amplía su atractivo para turistas e inversionistas. Moscú, Doha, Río de Janeiro o Johannesburgo experimentaron incrementos en proyectos inmobiliarios, inversión privada y turismo posterior al torneo, según reportes del Banco Mundial. Las ciudades también suelen beneficiarse de procesos de renovación urbana, mejoras en el transporte público, mayor presencia de seguridad y un reposicionamiento en el mapa turístico global. No obstante, la organización de un evento de esta magnitud puede generar tensiones sociales, especialmente cuando sectores ciudadanos cuestionan la asignación de recursos públicos a estadios o infraestructura deportiva frente a necesidades estructurales como salud, educación o vivienda.


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El balance económico: entre la ganancia y el alto costo

La literatura económica especializada advierte que la derrama económica de una Copa del Mundo no garantiza beneficios netos positivos.


Estudios de la Universidad de Harvard y del MIT señalan que el éxito económico depende de tres factores fundamentales: planificación eficiente, sostenibilidad de la infraestructura y transparencia en el uso de los recursos públicos. Aunque la FIFA genera ingresos superiores a los 7,500 millones de dólares por ciclo mundialista, según reportes oficiales, la mayoría de estos fondos no permanece en el país anfitrión, lo que subraya la importancia de estrategias locales para convertir la visibilidad internacional del torneo en inversión y desarrollo a largo plazo.


Los costos más frecuentes incluyen la construcción o renovación de estadios, la infraestructura de transporte, los operativos de seguridad, la provisión de servicios públicos adicionales, la reubicación de viviendas o comercios afectados y, en ocasiones, los altos gastos de mantenimiento posterior. Los beneficios potenciales, por su parte, abarcan el aumento de turismo durante y después del evento, la mejora en la imagen internacional, la reactivación de sectores económicos clave, la modernización urbana y la creación de empleos temporales y permanentes. En conjunto, estos elementos configuran un escenario de alto riesgo y alta recompensa que varía según la calidad de la gestión pública.


Perspectiva experta: proyecciones y nuevos modelos de sedes


La tendencia actual apunta hacia modelos de organización compartida que buscan reducir los riesgos económicos y maximizar la derrama. El Mundial de 2026, que será organizado por México, Estados Unidos y Canadá, representa un experimento económico sin precedentes. Analistas de firmas consultoras como Deloitte proyectan que este formato puede generar más de 14,000 millones de dólares en derrama combinada, apoyado en estadios ya existentes y en una infraestructura regional consolidada. Los expertos anticipan que las futuras ediciones de la Copa del Mundo priorizarán la reutilización de infraestructura preexistente, la consolidación de sistemas de movilidad sostenible, la integración tecnológica en transporte, seguridad y hospitalidad, y la implementación de estrategias de legado urbano que garanticen la utilidad continua de los estadios y zonas remodeladas. Asimismo, se espera un incremento de modelos regionales que distribuyan los costos entre varias ciudades y países, favoreciendo una mayor eficiencia financiera.


Conclusión


Ser anfitrión de la Copa del Mundo genera una derrama económica considerable, aunque su magnitud y sostenibilidad dependen de decisiones estratégicas y de la capacidad institucional de cada país. No todos los anfitriones obtienen beneficios netos; algunos enfrentan deudas prolongadas y obras infrautilizadas, mientras que otros logran convertir el torneo en un motor duradero de desarrollo urbano, turístico y económico. En un contexto global de crecientes exigencias financieras y sociales, el desafío radica en equilibrar la ambición deportiva con una planificación responsable que asegure que los beneficios se extiendan más allá del mes de competición.



Fuentes:


  • BBC News.

  • Banco Mundial.

  • Organización Mundial del Turismo.

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